Salud

Un antidepresivo común podría aliviar la agotadora fatiga del COVID persistente, según un ensayo

Science Daily Healthhace 10 h
Cápsulas de antidepresivo derramadas de un frasco naranja
Cápsulas de antidepresivo derramadas de un frasco naranjaPhoto: Artem Podrez / Pexels

Para muchas personas que viven con COVID persistente, la fatiga no es simplemente cansancio, sino un agotamiento persistente y a menudo incapacitante que puede hacer que tareas cotidianas como ducharse, cocinar o mantener una conversación resulten físicamente abrumadoras. Pese a años de investigación sobre esta afección postviral, los médicos han contado con sorprendentemente pocos tratamientos para este síntoma en particular. Un nuevo ensayo clínico aleatorizado sugiere que una opción podría estar ya disponible en las farmacias: la fluvoxamina, un antidepresivo utilizado desde hace décadas.

El ensayo incluyó a 399 adultos diagnosticados con COVID persistente, asignados aleatoriamente a recibir fluvoxamina o un placebo durante un período de tratamiento definido, un diseño considerado el estándar de referencia para determinar si un efecto terapéutico es real y no fruto del azar. Los investigadores hicieron seguimiento de los niveles de fatiga de los participantes y de medidas más amplias de calidad de vida a lo largo del estudio mediante herramientas de evaluación estandarizadas.

Los participantes que recibieron fluvoxamina reportaron reducciones significativamente mayores de la fatiga que quienes recibieron el placebo, junto con mejoras medibles en la calidad de vida general. Los investigadores describieron los resultados como uno de los primeros casos de un medicamento que muestra un beneficio claro y estadísticamente significativo específicamente para la fatiga del COVID persistente, un síntoma que ha demostrado ser notoriamente difícil de tratar.

La fluvoxamina pertenece a una clase de medicamentos llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, comúnmente recetados para la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo. Despertó interés como posible tratamiento relacionado con la COVID al principio de la pandemia, cuando algunos investigadores plantearon que sus propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras, independientes de sus efectos sobre el estado de ánimo, podrían ayudar a atenuar la respuesta inflamatoria excesiva asociada a la enfermedad grave y, potencialmente, a los síntomas postvirales persistentes.

El mecanismo exacto por el cual la fluvoxamina podría aliviar la fatiga del COVID persistente sigue sin estar claro, y los investigadores señalaron con cuidado que el ensayo no estaba diseñado para explicar por qué se produce el efecto, sino solo para medir si se produce. Las principales teorías en el campo más amplio de la investigación sobre el COVID persistente apuntan a una inflamación persistente de bajo grado, una señalización de serotonina alterada y una desregulación inmunitaria prolongada como posibles factores contribuyentes a la fatiga prolongada, cualquiera de los cuales podría verse plausiblemente influido por la fluvoxamina.

Lo que hace que el hallazgo resulte notable para los médicos no es solo el resultado en sí, sino el perfil del fármaco. La fluvoxamina es económica, cuenta con un largo historial de seguridad tras décadas de uso para la depresión y los trastornos de ansiedad, y ya está ampliamente disponible, lo que significa que, si el hallazgo se confirma en investigaciones posteriores, podría adoptarse con relativa rapidez en comparación con una terapia novedosa que tendría que atravesar todo el proceso de desarrollo y aprobación de fármacos.

El COVID persistente ha afectado a millones de personas en todo el mundo desde el inicio de la pandemia, y la fatiga se ha situado sistemáticamente entre los síntomas más reportados y más incapacitantes en las encuestas a pacientes, junto con la niebla mental, el malestar tras el esfuerzo y las alteraciones del sueño. Muchos pacientes han descrito años de consultas sin un tratamiento que abordara realmente su fatiga, recurriendo en su lugar a estrategias de ritmo para administrar una energía limitada.

Los investigadores advirtieron que un único ensayo, por bien diseñado que esté, no basta para establecer la fluvoxamina como tratamiento estándar de la fatiga del COVID persistente, y pidieron estudios más amplios e independientes que confirmen el efecto, determinen la dosis óptima e identifiquen a los pacientes con mayor probabilidad de beneficiarse. También señalaron que la fluvoxamina, como otros ISRS, conlleva efectos secundarios e interacciones conocidos que deberían sopesarse frente a su beneficio potencial caso por caso.

Investigadores del COVID persistente no implicados en el ensayo describieron los resultados como una señal prometedora, aunque preliminar, en un campo que ha registrado relativamente pocos hallazgos terapéuticos positivos tras años de estudio. Grupos de defensa de pacientes han pedido reiteradamente ensayos más rápidos y mejor financiados de medicamentos existentes y reutilizables, argumentando que quienes viven con síntomas incapacitantes no pueden esperar a tratamientos desarrollados enteramente desde cero.

Por ahora, los médicos afirman que el hallazgo no equivale a una recomendación general de recetar fluvoxamina a todo paciente con COVID persistente que sufra fatiga, pero sí ofrece a los clínicos una opción concreta y basada en evidencia para discutir con pacientes a quienes otros enfoques no han ayudado, algo que ha escaseado desde que la afección fue reconocida por primera vez.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Science Daily Health. La imagen es una foto de archivo de Artem Podrez en Pexels.

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