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SpaceX en tu fondo indexado, explicado

The Vergehace 9 h
Una pantalla digital de cotizaciones bursátiles mostrando números en alza y baja
Una pantalla digital de cotizaciones bursátiles mostrando números en alza y bajaPhoto: Pixabay / Pexels

Los fondos indexados llevan tiempo vendiéndose a los inversores particulares como la alternativa sensata y sin sobresaltos frente a elegir acciones individuales. En lugar de apostar por el éxito de una única empresa, un fondo indexado compra una pequeña parte de cada compañía de un índice determinado, como el S&P 500 o el Nasdaq-100, y deja que el crecimiento general del mercado haga el trabajo con el tiempo. Es una estrategia basada en la diversificación, y se supone que diversificación equivale a seguridad.

Esa premisa se pone a prueba cada vez que una sola empresa crece lo suficiente como para mover el propio índice. El esperado avance de SpaceX hacia una cotización pública, con una valoración que según informes rondaría los 1,77 billones de dólares, plantea exactamente esa cuestión. Si la empresa de cohetes de Elon Musk se incorpora de forma acelerada a un índice importante como el Nasdaq-100, los fondos que siguen ese índice estarían obligados a comprar automáticamente acciones de SpaceX, independientemente de si los partícipes individuales de esos fondos tienen alguna opinión personal sobre la empresa, su valoración o su fundador.

Para entender por qué, conviene saber cómo funcionan realmente, en términos mecánicos, los fondos indexados. Un fondo que sigue el Nasdaq-100 no emplea analistas que elijan sus acciones favoritas. En cambio, mantiene participaciones en todas las empresas del índice, ponderadas aproximadamente según el valor de mercado de cada una en relación con las demás. Cuando una nueva empresa se incorpora al índice, los fondos que lo siguen están obligados contractual y estructuralmente a comprar acciones para ajustarse, generando una demanda enorme y en gran medida automática en el momento en que se produce la inclusión.

Esta dinámica ya se aplica a empresas como Apple, Microsoft y Nvidia, cuyo enorme tamaño hace que representen una porción desproporcionada de muchos fondos indexados populares. Los críticos de esta estructura llevan tiempo advirtiendo de que los índices populares se han vuelto menos diversificados con el tiempo, al concentrarse cada vez más en un pequeño número de gigantes tecnológicos, lo que significa que un inversor que cree estar repartiendo ampliamente el riesgo podría en realidad estar mucho más concentrado en un puñado de empresas enormes de lo que imagina.

Una salida a bolsa de SpaceX con una valoración del orden que se está barajando la situaría de inmediato entre las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil, lo que significa que su inclusión en un índice importante no sería una incorporación marginal, sino un acontecimiento significativo capaz de mover el mercado. Los gestores de fondos que siguen esos índices tendrían un margen de maniobra limitado al respecto, ya que todo su modelo de negocio se basa en replicar el índice con la mayor fidelidad posible, en lugar de tomar decisiones independientes sobre participaciones concretas.

Que esto sea bueno o malo para los inversores comunes depende en gran medida de lo que ocurra con la valoración de SpaceX tras su salida a bolsa. Si el valor de la empresa sigue subiendo, los partícipes de fondos indexados se benefician pasivamente al igual que los accionistas directos. Si la valoración resulta excesiva y se corrige bruscamente, como ha ocurrido con otras salidas a bolsa de gran repercusión que debutaron con valoraciones agresivas, los inversores indexados también absorben esa caída, sin haber tomado nunca una decisión activa de poseer esa acción en primer lugar.

Este no es un riesgo hipotético exclusivo de SpaceX. Analistas financieros han señalado salidas a bolsa anteriores con altas valoraciones como ejemplos aleccionadores en los que la inclusión amplia en un índice obligó de hecho a inversores pasivos a asumir una exposición concentrada a una única empresa pública no probada, casi de la noche a la mañana, una dinámica bastante distinta del crecimiento gradual y diversificado que suele promocionarse en torno a la inversión indexada.

La situación específica de SpaceX conlleva una complejidad adicional dada la dependencia de la empresa de contratos gubernamentales, en particular con la NASA y el ejército estadounidense, y el grado en que su valoración refleja expectativas sobre futuros programas como Starship y Starlink, que aún no están probados comercialmente a la escala que implica la valoración reportada. Los analistas advierten de que una valoración de esta magnitud incorpora supuestos significativos sobre una ejecución futura que todavía no se ha puesto a prueba en los mercados públicos.

Para los inversores que quieren tener más control sobre este tipo de exposición, los asesores financieros suelen señalar dos opciones: elegir fondos indexados que excluyan o limiten la exposición a determinadas empresas individuales de gran capitalización, que existen pero son menos comunes y suelen cobrar comisiones algo más altas, o aceptar que invertir en un índice de mercado amplio implica, por naturaleza, poseer las empresas que el mercado decide que son más importantes, para bien o para mal, sin voz ni voto en el asunto.

El caso de SpaceX es, en última instancia, un recordatorio de que la expresión 'inversión pasiva' describe una estrategia de inversión, no la ausencia de riesgo. A medida que la composición de los principales índices ha ido reflejando un número cada vez menor de empresas extremadamente grandes, la línea entre comprar 'el mercado' y hacer una apuesta concentrada en un puñado de empresas dominantes, que pronto podría incluir a una compañía de cohetes valorada en 1,77 billones de dólares, se ha vuelto considerablemente más fina de lo que era antes.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en The Verge. La imagen es una foto de archivo de Pixabay en Pexels.

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