Suiza elimina a Colombia en los penaltis y se cita con Argentina en cuartos del Mundial

Algunos partidos de fútbol se deciden por momentos de brillantez; otros por la capacidad de soportar una tensión casi insoportable. La victoria de Suiza sobre Colombia en los octavos de final del Mundial pertenecía sin duda al segundo tipo. Tras un partido cauto y muy disputado que terminó en empate, los suizos ganaron la tanda de penaltis por 4-3 y, al hacerlo, reservaron un cuarto de final contra la campeona, Argentina.
La crónica de Sky Sports Football describía un choque cerrado y prudente, ese tipo de partido de eliminatoria en el que ambos bandos temen más el error que persiguen el gol espectacular. Colombia, dotada en ataque, encontró la defensa suiza disciplinada y difícil de superar, mientras que la amenaza ofensiva de Suiza quedó contenida por un equipo colombiano decidido a no dejarse sorprender.
Partidos así pueden frustrar a los neutrales que esperan una fiesta de goles, pero llevan su propia tensión. Cada despeje, cada media ocasión y cada decisión arbitral cobra una importancia mayor cuando un solo instante puede sellar un puesto entre los ocho mejores. A medida que el partido avanzaba sin desnivel, creció la sensación de que se encaminaba a la lotería de los penaltis, y así fue.
Para Suiza, la tanda cargaba un peso adicional de historia. La nación ha sufrido su parte de decepciones en los torneos, y Sky Sports lo enmarcó como un primer éxito en una tanda, la ruptura de una barrera psicológica tanto como deportiva. Los equipos que han perdido antes desde el punto llevan ese recuerdo a cada tanda posterior, lo que hace que ganar por fin una sea una liberación además de un resultado.
El drama de una tanda de penaltis no se parece a nada más en el fútbol. Reduce el esfuerzo de un equipo a una serie de duelos individuales, y cada lanzador camina solo hacia el punto con las esperanzas de una nación sobre los hombros. Los porteros se vuelven figuras centrales, y la batalla psicológica, la pausa, la mirada, la conjetura, puede importar tanto como la técnica. Suiza ganó esa batalla por 4-3, un margen que capta lo fino de la diferencia.
Un pensamiento para Colombia, descrita como desafortunada en la derrota. Una eliminación en los penaltis es uno de los desenlaces más crueles del deporte, porque no refleja una inferioridad a lo largo de un partido, sino los márgenes finísimos de una prueba especializada. Un equipo puede jugar bien, no encajar nada en el juego abierto y aun así volver a casa, y los jugadores colombianos sentirán que estuvieron desesperadamente cerca de avanzar.
El premio de Suiza es intimidante: un cuarto de final contra Argentina, la actual campeona del mundo. Pocos cruces en el fútbol mundial cargan más prestigio o más peligro. Argentina llega como el equipo a batir, y Suiza afrontará el partido como clara aspirante desde abajo, pero el fútbol de eliminación tiene la costumbre de aplanar reputaciones, y un equipo que acaba de conquistar sus demonios de los penaltis no temerá a nadie.
El partido también ilustra una verdad sobre el fútbol de torneo que los observadores curtidos conocen bien. Avanzar no siempre consiste en ser el mejor equipo durante noventa minutos; consiste en sobrevivir. La competición premia la resiliencia, el temple y la capacidad de aguante, y un equipo que mantiene su forma a lo largo de una noche tensa y luego convierte bajo la máxima presión tiene exactamente las cualidades que llevan a los equipos lejos en un torneo.
Para los aficionados suizos, la noche se recordará menos por el desarrollo del juego que por la liberación de su final. Alcanzar un cuarto de final de un Mundial es un logro importante para el país, y hacerlo ganando por fin una tanda añade una capa de catarsis. El premio es un cruce con los campeones, y la sensación de que esta selección suiza, tras mirar de frente a su historia, ya tiene poco que temer.
El cuarto de final contra Argentina se perfila ahora como la prueba definitiva. Suiza necesitará más que temple para inquietar a la campeona, pero ya ha mostrado el carácter que exigen los torneos. En una noche tensa contra Colombia, demostró que puede ganar el tipo de partido que se decide no por el talento, sino por la negativa a pestañear.
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